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Frases sobre Trabajo

Todo hombre que no tiene ganas de trabajar se erige en jefe para vigilar el trabajo de los demás. Jardiel Poncela, Enrique

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LAS OMINOSAS MARIONETAS DE LA PLUTOCRACIA
Perroverde
#1 Imprimir Mensaje
Publicado el 26.01.2013 14:11
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Mensajes: 16
Registro: 18.11.10

A este Gobierno, que habría que poner, al menos, en la picota de unas nuevas elecciones con su verdadero programa electoral punto por punto, no parece preocuparle el paro, que ya sobrepasa los más de seis millones de españoles, pues no figura entre sus prioridades.

Como tampoco parece preocuparle el deterioro de las rentas de trabajo y de los derechos laborales, pues hubiera tomado medidas excepcionales urgentes —la primera, no haber designado nunca a Fátima Báñez como ministra de Empleo y Seguridad Social (ella sola constituye una crisis de gobierno)— que aseguraran una contratación que cumpliera con lo que estipula el artículo 35 de la Constitución Española: «Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo».

Con razón, Viviane Forrester en Una extraña dictadura, estimado libro de cabecera para asentar ideas de lo que está ocurriendo en el modelo político, económico y social que nos imponen desde el pensamiento único, escribió: «Si el paro no existiese, el régimen ultraliberal lo habría inventado. Le es indispensable, pues es el desempleo lo que permite a la economía privada tener bajo su yugo a la población planetaria manteniendo sin embargo la "cohesión" social, es decir, la sumisión».

Una vez más, gracias a la última contrarreforma laboral —¿para cuándo una reforma empresarial y —aquí va una idea— el máximo fomento de las cooperativas de trabajadores en que los beneficios recaigan sobre ellos mismos?—, la exclusión social crece en las colas de Cáritas y en las calles. José María Vera, director de Intermón, avisó de que «las recetas que se están empleando en España sólo van a incrementar el desempleo, la pobreza y la desigualdad». No tiene desperdicio el informe Crisis, desigualdad y pobreza, elaborado por Intermón Oxfam, un ejemplo: «La economía española creció enormemente durante la década previa a la crisis (conocida como la «década dorada»), sin embargo, durante el mismo periodo la riqueza se acumuló sobre todo en manos de las personas más ricas, aumentando así la desigualdad, y —lo que es peor— no se redujeron los niveles de pobreza: ni se consolidó la protección social, ni se aumentó la proporción del gasto social del PIB». Es como si se admitiera que deben gobernar los que luchan porque España no se constituya en un Estado social y democrático de Derecho.

Sin embargo, el Gobierno del Partido Popular, el Gobierno de Rajoy, que ya debería haberse resquebrajado por su penúltima traición, la no revalorización de las pensiones —debe pesar la perspectiva lejana de unas elecciones y que la memoria es corta y que su voto geriátrico tiende a desaparecer por ley de vida— está muy atareado en reorganizar el sector financiero. Así, parece un daño colateral sin más que, con los despidos en bancos y en cajas de ahorros, las escandalosas cifras del paro, que representan la tasa más alta de toda Europa, puedan incrementarse en 50.000 trabajadores más en tres años (parece que ya no estamos a la cabeza solamente en el fútbol, tema estrella de los trabajadores en las empresas, antes de que les lleguen los lunes al sol).

Como bien señala el secretario general de la Federación de Servicios de UGT, José Miguel Villa: «En el fondo, todo este proceso de jibarización de entidades y bancarización de cajas tiene un fin: entregárselo a la parte privada del sector, a los bancos. Hace años se intuía el motivo ideológico. Ahora está claro».

Huele a podrido en España, el ultraliberalismo presenta los beneficios de una minoría como si fueran los de todos y el camino de la selva, el de la ley del más fuerte, como si fuera el único posible. El patriota Cristóbal Montoro, actual ministro de Hacienda y Administraciones públicas, debería devolver la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, porque amnistiar —¿para cuándo la lista de los compatriotas, obtenida por Falciani?—, en vez de escarmentar, a los defraudadores al fisco, mediante un proceso de regularización fiscal es tan vergonzoso como si se hubiera hecho a medida de ellos o tan vergonzoso, por elegir un hecho al azar, como si en vez de endurecer los requisitos exigibles para ser banquero, se decidiera ahora, en estos tiempos de máxima corrupción, una normativa bancaria más laxa, más arbitraria y menos exigente que la actual.

Que sea prioritario como acción de gobierno que los corruptos y defraudadores puedan acogerse a medidas beneficiarias no puede más que indignar a la inmensa ciudadanía que cumple con sus obligaciones fiscales y contribuye por ellos con impuestos desproporcionados a sus ingresos.

Y además, si los sacrificios que se imponen a golpes de decretos ley son consecuencia también del saqueo del dinero público por parte de consejos de administración, de políticos podridos, mafias y un largo etcétera…, habrá que exigir desde todos los ámbitos, desde todas las ‘mareas’, desde las concentraciones, desde las manifestaciones, desde todas las movilizaciones, desde los paros, desde las huelgas, que se desalojen las manzanas podridas que hayan delinquido, bien para llegar al poder, bien para su enriquecimiento personal, bien para servir intereses espurios, desalojando incluso cualquier gobierno, si el cesto entero está podrido.

«Baltar es el Partido Popular» —dixit, Mariano Rajoy (el mismo que se mostraba triunfante junto al molt honorable Francisco Camps: «Siempre estaré detrás de ti, o al lado…»; el mismo que afirmaba: «Yo quiero un gobierno como el que preside Jaume Matas en Baleares en este momento. Ese es el gobierno que yo quiero para España»; el mismo que afirma ahora —¡ojito!— que «Bárcenas no me ha chantajeado») en otra de sus afortunadas expresiones que desvelan el rostro, aunque probablemente habría que decir la caradura, de su pensamiento y la realidad patética del clientelismo en su pérfido partido. Está claro que estos no pretenden que España sea un Estado social; de ahí sus «recortes» que afectan más a los más débiles.

Llueve… llueve sobre mojado. No puede pues haber paz social con estos condicionantes, a pesar del cuidado que algunos ponen de no tirar de la manta, y es cuestión de tiempo que prenda cualquiera de todas estas chispas para que la clase trabajadora, cada vez más a la intemperie, estalle. Es imposible creer que se trate simplemente de refundar el capitalismo como algunos apuntaron, pues hasta los derechos humanos peligran con este modelo de sociedad clasista que se trata de imponer y que hay que rechazar.
Editado por Perroverde el 26.01.2013 14:15
 
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